EL REY

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altUn personaje de gran tamaño se retuerce en un magnífico sillón, cedido por el teatro de La Abadia, mientras emite una extensa y completa gama de los más desagradables sonidos que puede producir un cuerpo humano en su última fase de degradación.

 

 

 

 

 

Un personaje de gran tamaño se retuerce en un magnífico sillón, cedido por el teatro de La Abadia, mientras emite una extensa y completa gama de los más desagradables sonidos que puede producir un cuerpo humano en su última fase de degradación.

 

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Así comienza esta extraordinaria descripción y revisión de nuestra no tan reciente historia que nos prepara para poder conocer en todos sus íntimos detalles y aspectos, tanto públicos como privados, al titular del sillón: el rey Juan Carlos I de Borbón, hoy rey padre.

 

Vemos  a Franco con su padre, el hijo de Alfonso XIII, marcando tanto la educación como las formas y residencias del futuro rey de España, y cómo se fue cumpliendo, casi en su totalidad, hasta la abdicación en 2014. Durante este periodo de formación como príncipe de España, la obra nos va acercando al final del franquismo, cuya única posibilidad de supervivencia sólo tenía un personaje: el almirante Carrero Blanco, rechazado por un sector del régimen que exige cambiar algo para que nada cambie , algo que queda absolutamente claro cuando podemos ver a Henry Kissinger, probablemente el hombre más poderoso de Estados Unidos, decirle al almirante, ante la negativa de éste a suceder al caudillo: te van a matar. Hecho que sucedió hace 42 años (20 de diciembre de 1973), afectando bastante por razones personales al que hace esta crónica y que posteriormente se relacionó con la CIA.

 

En el más bien reducido pero muy bien iluminado escenario del Teatro del Barrio, seguimos viendo la miseria, crueldad y torpeza de Francisco Franco, caudillo de España por la gracia de Dios, como figuraba en las monedas, apretando con enorme placer y satisfacción,  el tornillo del garrote vil con el que asesinaron a Salvador Puig  Antich, en la obra se pronuncia el nombre de Salvador, en septiembre de 1975, dos meses antes de que el dictador muriera sin que nadie le matara. Esta escena afectó por su crudeza y realismo al que esto escribe, hasta el punto de tener que luchar durante unos segundos contra la emoción y el deseo de dejar la sala, pero los recuerdos que me traía fueron de nuevo olvidándose al poder seguir disfrutando de la obra.

 

altMuerto el dictador, el protagonista, el Príncipe de Asturias pasa a ser coronado Juan Carlos I de Borbón rey de España y podemos ver como Adolfo Suárez aparece como la gran esperanza del continuo dictadura-monarquía-democracia, continuo que se interrumpe bruscamente el 23 F de 1981 por el golpe de Estado militar encabezado por Tejero y en el cual parece que se intenta retroceder a la dictadura-monarquía. Lógicamente aparecen las figuras del rey y del géneral Armada, al que tristemente conocí como coronel en 1971 haciendo la mili tras haber dado el primer parte por escrito por malos tratos en el regimiento de artillería antiaérea de Getafe. Personajes tan poco agradables como Garrigues o el aún más desagradable Martín Villa, lo digo porque en 1964, siendo jefe nacional deL SEU, presidió un juicio farsa en la Facultad de Ciencias de la hoy UCM, en la que se me expulsó del SEU y algo más.

 

Con la presencia de Felipe González, la obra va derivando hacia la verdadera personalidad del Jefe del Estado y los efectos emocionalmente turbadores que se han ido produciendo a lo largo del espectáculo se van reduciendo y dando pié a verdaderas satisfacciones desde el punto de vista tanto dramático, como histórico-político. Merece la pena resaltar el momento en el que Jesús Hermida, el que más se esfuerza en imitar la voz de su personaje, corre escaleras arriba del teatro y comienza a interrogar al rey sobre sus negocios y comisiones por la compra y venta de diferentes productos por parte del estado, insistiendo en la cantidad cobrada por cada barril de petróleo importado de Arabia Saudí.

 

En resumen, un espectáculo del máximo contenido dramático, que consigue concentrar en un reducido espacio con 120 butacas y sin más ayudas que un magnífico sillón y una buena iluminación, casi 80 años de historia de forma atractiva, creíble, políticamente formativa y, ante todo, con una valentía poco habitual en nuestros escenarios. Todo ello gracias, sobre todo, a la magnífica labor interpretativa de los tres actores Luis Bermejo (rey), Guillermo Toledo Alberto San Juan,  que interpretan a más de 10 personajes, labor que es premiada con un lleno total y sus muchísimos aplausos.

 

Desde el 3 de noviembre de 2015 al 31 de Enero de 2016

Teatro del barrio

Zorita 20

Madrid

 

 

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