NADAR: UN FOTÓGRAFO DE ALTOS VUELOS

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altAeronauta, inventor, periodista, caricaturista y agitador social, Nadar fue mucho más que uno de los mejores retratistas del siglo XIX. Su espíritu innovador lo llevó a ser el primero en casi todo: en realizar fotografías aéreas, en captar las catacumbas de París y en realizar una fotoentrevista.

 

 

 

Aeronauta, inventor, periodista, caricaturista y agitador social, Nadar fue mucho más que uno de los mejores retratistas del siglo XIX. Su espíritu innovador lo llevó a ser el primero en casi todo: en realizar fotografías aéreas, en captar las catacumbas de París y en realizar una fotoentrevista.
 

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Gaspar-Félix Tournachon, conocido como Nadar, nació un 5 de abril de 1820 en París. Procedía de una familia de la burguesía monárquica de Lyon donde pasó sus años de infancia y adolescencia. Viajó a París para preparar su ingreso en la universidad estudiando en el colegio Bourbon. Alejado de la disciplina paterna, el joven Nadar empezó a frecuentar los ambientes bohemios y a realizar caricaturas y artículos para la prensa progresista y satírica de la época. La profesión periodística estará presente en muchos momentos de la vida de Nadar, desde los dieciocho años ya colaboraba con la prensa de Lyon con novelas cortas y artículos que firmaba con el seudónimo que le acompañaría toda su larga vida. La presión familiar le hizo regresar a Lyon para estudiar medicina, carrera que se truncó por la ruina de la familia después de que el padre, librero y editor, se metiera en aventuras editoriales de grandes costes y poca difusión.
 

 

De las diversas profesiones que ejerció el futuro fotógrafo destaca la de secretario personal de Charles de Lesseps, hijo y colaborador del ingeniero y diplomático Ferdinand-Marie, Vizconde de Lesseps constructor del Canal de Suez. En 1842, con veintidós años, Nadar decidió dedicarse al periodismo y la caricatura, por lo que se trasladó a París. Su pariente, el famoso caricaturista Paul Gavarni (seudónimo de Guillaume Sulpice Chevalier) le ayudó a introducirse en la prensa y a ejercitarse en el dibujo y la pintura, no había dinero para estudiar en academias. A falta de fotos con que ilustrar los artículos, los editores solicitaban caricaturas para dar a conocer los personajes famosos a sus lectores por lo cual trabajo no le faltaría.
 

 

UN ESPÍRITU REBELDE
 

 

Con el estallido de la Revolución de 1848, Nadar partió con un grupo de exiliados a liberar Polonia del yugo extranjero. Le acompañaba su hermano Adrien y su amigo Fauchery. Formaban un grupo romántico e idealista que fue detenido nada más cruzar la frontera de Alemania. Una vez liberados, los hermanos Tournachon volvieron a París donde Nadar fundó su propia publicación, “La Revue Comique”, en 1849. Críticas teatrales, novelas, artículos, ilustraciones y la redacción de panfletos políticos, fueron algunas de las actividades que ocuparon a Nadar que por aquel entonces, cuando publicaba en el “Journal pour rire” y “Le Charivari”. El éxito de sus caricaturas lo animó a plantearse un gran proyecto: grandes litografías de un millar de personajes célebres de la vida parisina. Conocido como el “Panthéon Nadar”, retrataba de una inmensa colección de retratos y caricaturas con personajes como Doré, Delacroix, Rossini… dada la magnitud de la empresa, se necesitó del concurso de un plantel de dibujantes contratados para tal efecto.
 

 

Con motivo de la realización del “Panteón” empezó la relación de Nadar con la fotografía. Rondaba los treinta años y ya tenía hijos de su mujer Ernestine Lefèvre. Se dejó aconsejar por el escritor Eugène Chavette (su apellido real era Vachette), amigosuyo, para comprar una cámara y realizar las caricaturas a partir de los retratos fotográficos. En 1853, se instaló en un estudio fotográfico con su hermano Adrien, situado en el número 113 de la rue de Saint-Lazare. Pronto la fama de buenos retratistas se fue consolidando y los cocheros conocían la calle como “Saint-Nadar”. La flor y nata de la intelectualidad parisina se daba cita en el estudio. En 1854, se editó la primera entrega del “Panthéon Nadar” con notable éxito de crítica y público. Adrien Tournachon también fue un gran fotógrafo, pero sin duda eclipsado por la fama de su hermano que, además de sus cualidades artísticas, estaba dotado para las relaciones públicas y la autopromoción. A pesar de la fama, Nadar dejó el estudio para volver al periodismo, pero las dificultades económicas le hicieron volver al seguro negocio de los retratos. El estudio Nadar estaba en pleno rendimiento y a Adrien no le gustó nada volver a repartir beneficios con su díscolo hermano. La cosa terminó en un pleito en los tribunales por el uso del seudónimo Nadar. Gaspard-Félix ganó el pleito y el uso en exclusiva del nombre, eso sucedió en 1856.
 

 

DESDE EL AIRE
 

 

Una mañana de agosto de 1858, los vecinos de Le Petit Bicêtre, a las afueras de París, se sorprendieron ante la visión del globo más grande jamás construido hasta la fecha. Como no podía ser de otra forma, el aerostato se llamaba “Le Géant” –El Gigante- y el intrépido aeronauta era Nadar. Desde una altura de 80 metros y con el globo cautivo, el fotógrafo tomó unas vistas utilizando el colodión húmedo. Desgraciadamente no se conservan las que fueron las primeras fotos aéreas, pero las crónicas de la época hablan de imágenes pálidas de una granja, tres casas, la posada y la gendarmería de Bicêtre. El éxito del evento llegó después de numerosos fracasos. En los primeros intentos, las placas se contaminaban por el sulfuro de hidrógeno que despedía la válvula del globo, pero esto no lo sabía Nadar, sólo la casualidad y la necesidad de economizar combustible hizo que la válvula permaneciera cerrada durante el proceso fotográfico, consiguiendo por fin unas placas correctas. Nadar repetiría la experiencia tomando fotos de París con una cámara multilente.
 

 

A raíz del pleito con su hermano, Nadar se trasladó en 1860 a un nuevo estudio en el número 35 del Boulevard des Capucines, en el mismo edificio que albergó los estudios de Le Gray y Bisson. Sus relaciones con los artistas impresionistas –era un gran amigo de Edouard Manet- y su participación en los cenáculos literarios, y sociedades secretas como la “Sociedad Angélica” hicieron de su estudio un punto de reunión de la intelectualidad republicana y de los políticos liberales. Era íntimo amigo de Louis Blanc (1811-1882), el historiador y líder socialista nacido en Madrid y formado en Francia. Blanc y Nadar también compartieron su pertenencia a la masonería.
 

 

EN LA CÚSPIDE
 

 

Unas grandes letras con el nombre Nadar permanecían iluminadas por lámparas de gas toda la noche en el estudio pintado de rojo del Boulevard des Capucines. Aunque sus comienzos profesionales siempre estuvieron marcados por la escasez de dinero, la vida bohemia, los retratos no cobrados a los amigos…, el nombre de Nadar se convirtió en una marca comercial reconocida y con agentes en otras ciudades, incluso algunos avispados fotógrafos se proclamaban representantes de la “Casa Nadar de París” sin serlo. Su equipo era de veintiséis empleados, fotógrafos entre los que se encontraba su propio hijo Paul, impresores, retocadores, montadores de originales, contables…, en esa época Nadar solía delegar en sus empleados los cuales, suponemos que bajo sus instrucciones, preparaban las poses de los modelos.
 

 

Las aventuras aeronáuticas de nuestro fotógrafo estuvieron a punto de costarle la vida a él, a su mujer y a sus amigos. Tras varios intentos para sobrevolar París con Le Géant provisto de unas hélices inventadas por él, en 1863 el globo llegó hasta Hannover (Alemania). Cuando iba a tocar tierra, fue arrastrado sin control varios kilómetros.
 

 

RETRATOS SOBRE FONDO NEGRO
 

 

La calidad de Nadar como retratista ha pasado a la historia de la fotografía. Dotado de una gran sensibilidad y con una total complicidad con sus modelos, realizaba unos retratos directos y carentes de trucos, muy alejados de los retratos más idealizados y místicos de su contemporánea inglesa Julia Margaret Cameron (1815-1879). Casi siempre con un fondo oscuro, las composiciones de Nadar eran simples y donde lo que más destacaba era el manejo de la luz y la sinceridad que destilaban las miradas de sus modelos. Esta habilidad para iluminar le valió el apelativo de “El Tiziano” de la fotografía y, como él mismo decía: “La teoría fotográfica puede ser explicada en una hora y su técnica básica, en un día. Pero lo que no puede enseñarse es el sentimiento de la luz”.
 

 

Algunos de sus célebres modelos fueron: Alexandre Dumas, George Sand, Sarah Bernhrdt, Franz Liszt, Mijaíl Bakunin, Charles Baudelaire, Ferdinand Marie de Lesseps…
 

 

UN PERSONAJE DE NOVELA
 

 

Uno de los amigos y socios de Nadar en su actividad aeronáutica fue Jules Verne. Un año antes del accidente de Hannover, los dos personajes fundaron la “Sociedad para la Investigación de la Navegación Aérea”, Nadar era el presidente y Verne el secretario. Jules Verne firmó un contrato leonino con el editor Pierre-Jules Hetzel, y el primer libro de su serie “Viajes extraordinarios” fue “Cinco semanas en globo”, editado en 1863 e inspirado en su amigo al que homenajearía en otra de sus obras, “De la Tierra a la Luna”. El protagonista de dicha novela es Miguel Ardan, y conociendo la afición de Verne por los juegos de palabras, es fácil ver que Ardan es el anagrama de Nadar.
 

 

Con la intención de hallar un sistema más eficaz de navegación para los aeróstatos, y pretendiendo mejorar los trabajos iniciados por los hermanos Godard en este campo, Nadar se asoció con ellos invirtiendo grandes sumas de dinero. Los continuos fracasos llevaron al fotógrafo al borde de la ruina alrededor de 1871. Durante la Guerra Franco-prusiana (1870-71), Nadar fue comandante de una compañía de aeróstatos y logró sacar en su globo el correo de un París sitiado. La popularidad del personaje se acrecentó con aires heroicos. Curiosamente, el ministro del Interior León Gambetta (1838-1882), también protagonizó una dramática huida en globo para burlar el cerco prusiano. Se cuenta que le propusieron a Nadar poner sus conocimientos y su globo al servicio del espionaje militar, cosa que al parecer rechazó de plano.
En 1874, tuvo lugar en París la primera exposición de los impresionistas. Estos habían sido rechazados por el Salón de París por sus ideas revolucionarias, y no encontraron mejor lugar para exponer que el estudio de Nadar. En contra de lo que pudiera parecer, el apoyo de Nadar a este acontecimiento recogido en todos los manuales de historia, fue más fruto de la casualidad que de otra cosa. Los bajos del estudio se alquilaban para albergar exposiciones y Nadar estaba ya en proceso de trasladarse a un estudio más económico de la rue Anjou. Lo que sí es cierto, es la enorme influencia que tuvieron las fotos de Nadar en los cuadros de los impresionistas y viceversa.
 

 

Nadar no sólo fue el primero en subir al cielo y descender a las cloacas para realizar fotografías, también fue el artífice de la primera fotoentrevista que realizó junto a su hijo Paul. El químico francés Michel-Eugène Chevreul (1786-1889) cumplía el centenario de su nacimiento en 1886. Paul Nadar fotografió en doce tomas la entrevista que realizó su padre mientras, un taquígrafo tomaba notas. Se publicó en “Le Journal Illustré” como si fuera una fotonovela, con los textos a pie de foto. Poco a poco, Nadar padre fue dejando el estudio en manos de su hijo. Él se dedicó a organizar exposiciones e incluso intentó la aventura de abrir un nuevo estudio en Marsella. En 1891, fundó la revista “París Photograph” y continuó con sus novelas, ensayos y libros de memorias. El 21 de marzo de 1910, el viejo maestro murió. Con noventa años, sobrevivió a todos sus personajes del “Panthéon Nadar”.
 
 

FOTOS TRUCADAS
 

A la muerte de Nadar, el retrato artístico de autor hacía muchos años que estaba en franco retroceso. La industrialización del retrato y la democratización de la fotografía que supuso el fenómeno Kodak hicieron innecesario el concurso de los profesionales y artistas. Cada familia tenía por lo menos una cámara en su casa y los estudios de autor dieron paso a los estudios de los comerciantes.
 

Un momento de inflexión del reconocimiento de la fotografía fue la participación de los fotógrafos en una muestra pública de arte en el Salón de París de 1859. Nadar, Adam Salomon, Le Gray, Varnod…, fueron algunos de sus ilustres participantes. Hacía tiempo que los fotógrafos se hacían valer a través de la “Societé Française de la Photographie”, pero la gran presencia de fotografías en este salón –mil trescientas dieciocho obras- y el hecho de estar junto a otras expresiones artísticas, hizo que públicamente se prestigiara el trabajo de los fotógrafos. El acontecimiento provocó no pocos debates sobre la fotografía y la relación entre la técnica y el arte. Quizá el más polemista fue Charles Baudelaire con su ya famoso escrito “El público y la fotografía”, que tanto se ha citado fuera de contesto y sin profundizar en el fondo del mismo. Baudelaire fue magníficamente retratado por el propio Nadar y por Carjat, por cierto. Pero lo que quedó claro, al margen de controversias, es que la fotografía y sus autores salieron reforzados de tal evento.
 

Hacia la mitad del siglo XIX, la burguesía demandaba gran cantidad de retratos fotográficos y estaba de moda entre la aristocracia visitar los estudios de los fotógrafos. Estos eran vistos como artistas con cierta facultad taumatúrgica por lo novedoso de su técnica. La bonanza económica de la Francia del Segundo Imperio impulsó el floreciente negocio de las galerías de retratistas como la de Nadar, Le Gray, Carjat o Bisson, por citar a los más destacados de París. El instinto comercial de los profesionales los llevó a “embellecer” las fotografías con el retoque y el maquillaje, con tal de satisfacer el ego de sus clientes. Nadar, que solía usar el retoque como medio para corregir errores o manchas, terminó cediendo al retoque adulador y excesivo que la competencia comercial le imponía y los gustos del público le demandaban. Esto, junto a las poses exageradas, restó calidad a los retratos de su última época.
 
 

FOTOS EN SERIE
 

Los retratos fotográficos eran más baratos y rápidos que los realizados por los pintores, pero aún seguían estando fuera del alcance de la mayoría, aunque esto cambió con las cartes-de-visite. Estas, de formato más reducido, estaban realizadas con una máquina de cuatro objetivos, con la que se obtenían varias copias en serie que se recortaban y pegaban en cartón. La pequeña burguesía y la clase trabajadora ya podían llenar sus álbumes y carteras con las fotos de sus seres queridos, y las “vedettes” y celebridades hacían las delicias de los más mitómanos. El invento de la máquina de cuatro objetivos y del retrato seriado, se debe a un personaje con poca formación cultural pero con mucho olfato comercial, André-Adolphe Disdéri (1819-1890).
 

Los cinco francos que cobraba por retrato Disdéri fueron una gran competencia para los estudios de los retratistas de tendencia artística. En su buena época, Nadar cobraba cien francos por cada retrato. Sobre Disdéri, el propio Nadar cuenta en sus memorias una anécdota que explica en parte el despegue comercial de este personaje. Resulta que el propio Napoleón III (1808-1873) detuvo su cortejo militar para hacerse un retrato en la Casa Disdéri. La muchedumbre que asistía a la parada militar fue testigo de como El Emperador retrasó su partida, y la de su ejército, que se dirigía a Italia. La popularidad del estudio fue tal, que en poco tiempo se abrieron delegaciones en todo el país. La paradoja de esta historia es que Disdéri fue víctima de su propio invento y éxito. La gran facilidad de producir retratos en serie y la técnica de producción en cadena propiciaron que cualquier persona, aún sin conocimientos fotográficos, pudiera dedicarse a este negocio. De ser millonario, Disdéri pasó a morir sordo y ciego en la más completa indigencia.

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