Un hombre sin hogar que dormía en la calle desde hacía años en el barrio de la Vila de Gracia ha muerto este miércoles después de sufrir una parada cardiorrespiratoria. Según ha avanzado el diario Ara, tenía cerca de 50 años y se lo podía ver habitualmente en la entrada de una entidad bancaria situada en la vía Augusta con la travesía de Gracia.
Arrels Fundació ha explicado que lo conocían desde el 2021 y que puntualmente había sido usuario del centro abierto de la entidad, donde las personas sin hogar pueden ir para duchar y cortar el pelo. Los equipos que trabajan a pie de calle le hacían seguimiento desde entonces.
Los últimos datos publicados por Arrels indican que entre el 25 de octubre del 2023 y el 25 de octubre del 2024, un total de 84 ciudadanos sin hogar, 73 hombres y 11 mujeres, perdieron la vida, de los cuales el 47,8% subsistían a la intemperie. Las personas que viven o han vivido en la calle suelen tener una salud más frágil, como este caso, y muchas dificultades para recibir una atención sanitaria adecuada.
El monográfico sobre la salud de las personas que pernoctan al raso en Barcelona, presentado el pasado noviembre por Arrels, señala que las principales enfermedades crónicas que los hombres y mujeres sin techo declaran tener son los trastornos mentales (33,1%), infecciones como el VIH, tuberculosis o hepatitis (23,5%), además de patologías del aparato locomotor (17,9%).
El Ayuntamiento de Barcelona lamenta «profundamente» su traspaso. Juan fue atendido por varios servicios sociales entre el 2022 y el 2024. Durante este tiempo, según fuentes municipales, estuvo vinculado a distintos planes de mejora y se le tramitaron algunas prestaciones. También fue usuario de los servicios de atención diurna para personas sin hogar como espacio de alimentación e higiene personal. Las mismas fuentes informan que el pasado mes de octubre fue atendido por última vez por el Servicio de Atención Social al Sinhogarismo en el Espacio Público.
La esperanza de vida del colectivo de personas sin hogar es treinta años inferior a la de la ciudad de Barcelona. En la última década, medio millar de sinhogares han muerto en las calles de Barcelona. Ahora, en el espacio donde solía dormir Juan sólo quedan el cartón y las mantas que utilizaba, y una vela que ha dejado a alguna persona que le conocía para guardarlo en el recuerdo.
Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.